Todo es original. Las columnas barrocas, los frescos de paisajes que recorren las paredes, el techo patinado por más de un siglo de café y humo de antaño, el suelo de mosaico que cruje bajo los pasos, las vidrieras florales que filtran la luz de la rue du Poteau, los espejos biselados marcados por el tiempo, los bancos rojos que han visto pasar generaciones, y la famosa lámpara Lemière que vela sobre la sala.
Estilo Art Déco de los años 30, conservado religiosamente por cada propietario que se ha sucedido. Aquí no se renueva: se mantiene. Se repara idénticamente. Se protege.
Y sin embargo, La Renaissance no tiene nada de museo. Es un bistró que vive, mediodía y noche, desde el café de la mañana hasta la última copa a las 2h. Un equipo joven, apasionado, enamorado de la brasería parisina, que sirve con la misma atención al vecino y al viajero.